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BETEL BOLAÑOS
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© 2018 IGLESIA BAUTISTA BÍBLICA BETEL DE QUERÉTARO A.R.

Lo que creemos

LAS ESCRITURAS

Creemos que la Santa Biblia, es inspirada por Dios y escrita por hombres dirigidos por Dios; que por contenido tiene la verdad sin ninguna mezcla de error; y por lo tanto, es y será hasta la consumación de los siglos la única revelación completa y final de la voluntad de Dios para el Hombre, el centro verdadero de la unión cristiana y norma suprema a la cual se debe sujetar todo juicio que se forme de la conducta, las creencias y las opiniones humanas.

Por La Santa Biblia queremos decir la colección de los sesenta y seis (66) libros desde Génesis hasta Apocalipsis que, como fue escrita originalmente, no solamente contiene y transmite la Palabra de Dios, sino que es la misma, única y suficiente Palabra de Dios. Por Inspiración queremos decir que los libros de la Biblia fueron escritos por hombres santos de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo de una manera tan definida que registraron la verdad de Dios en forma plenaria y verbal, sin error ni omisión.

 

(2ª. a Timoteo 3.16 y 17; 2ª. de Pedro 1.19-21; Hechos 1.16; 28.25; Salmo 119.105, 130 y 160; Lucas 24.25-27; Juan 17.17; Lucas 24.44-45; Salmo 119.89; Proverbios 30.5-6; Romanos 3.4; 1ª. de Pedro 1.23; Apocalipsis 22.18-19; Juan 12.48; Isaías 8.20; Efesios 6.17; Romanos 15.4; Lucas 16.31; Salmo 19.7-11; Juan 5.45-47; 5.39).

EL DIOS VERDADERO

Creemos que hay un solo Dios viviente y verdadero; que es una Persona; Espíritu Infinito e Inteligente, Hacedor y Juez Supremo del cielo y de la tierra, indeciblemente glorioso en Santidad y merecedor de toda honra, confianza y amor.

Creemos que en la unidad de la Divinidad existen eternamente tres personas que son El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, iguales éstos en toda perfección Divina, desempeñando oficios distintos, pero que armonizan en toda obra divina.

 

(Éxodo 15.11; 20.23; Salmo 83.18; 90.2; 147.5; Jeremías 10.10; Mateo 28.19; Marcos 12.30; Juan 4.24; 10.30; 15.26; 17.5; Hechos 5.3-4; Romanos 11.23; 1ª a los Corintios 2.10-11; 8.6; 12.4-6; 2ª a los Corintios 13.14; 1ª a Timoteo 1.17; Apocalipsis 4.11).

EL ESPÍRITU SANTO

Creemos que el Espíritu Santo es una Persona Divina, igual con Dios el Padre y el Hijo, y de la misma naturaleza, y que tomó parte activa en la creación.

Creemos que en relación con el mundo entero, él detiene al inicuo hasta que el propósito de Dios se cumpla; que convence de pecado, de justicia y de juicio; que es el Autor e Intérprete de las Escrituras.

Creemos que testifica de la verdad del Evangelio en la predicación y testimonio; que es la Persona que actúa en el nuevo nacimiento, y que en ese momento viene a morar permanentemente en el creyente, sellándole y bautizándole, y durante su vida sigue realizando sus obras de enseñar, santificar, fortalecer, guiar y ayudar. Además, por medio del creyente testifica al mundo acerca de Jesucristo.

 

Creemos que Dios es el Dador de los dones espirituales, los cuales son repartidos a los creyentes según el Espíritu Santo desea; que los dones de lenguas, sanidades y milagros cesaron con el siglo apostólico, y que ningún don puede exigirse como señal del bautismo o plenitud del Espíritu Santo.

 

(Mateo 28.19; Hebreos 9.14; Lucas 1.35; 3.16; 24.49; Génesis 1.1-3; 2ª a Tesalonicenses 2.7 y 13; Juan 1.33; 3.5-6 y 11; 14.16-17 y 26; 16.8-11 y 13; 15.26-27; Hechos 5.30-32; 11.16; Efesios 1.13-14; Marcos 1.8; 14.26; Romanos 8.14 y 16; 16.26-27; 1ª de Pedro 1.2; Romanos 12.6-8; 1ª de Pedro 4.10; 1ª a los Corintios 12.1-13; 13.8-10).

EL SEÑOR JESUCRISTO

Creemos que Jesucristo es Dios el Hijo y el Hijo de Dios, el Eterno y Omnipotente Creador, y no un ser creado; que nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo, no despojándose de su deidad, y por lo tanto es Dios manifestado en carne, teniendo los mismo atributos que el Padre y el Espíritu Santo, aun en su vida terrenal.

También creemos que vivió una vida perfecta y sin pecado aquí en la tierra, murió por nuestros pecados para ser un sacrificio completo y suficiente ante Dios para la redención del hombre; resucitó corporalmente, ascendió al cielo para interceder por nosotros, y que viene otra vez para juzgar al hombre y establecer su reino en la tierra.

 

(Génesis 3.15; Juan 1.1-3, 14; Isaías 7.14; 9.6-7; Mateo 1.18-25; Lucas 1.35; Marcos 1.17; Salmo 2.7; Gálatas 4.4; 1ª de Juan 5.20; 1ª a los Corintios 15.47).

LA IGLESIA

Creemos que una Iglesia de Jesucristo es una congregación de creyentes bautizados bíblicamente por inmersión, después de una profesión de fe; organizados y asociados mediante un Pacto de Fe y Compañerismo en el Evangelio, y con Constitución propia; reconociendo a Cristo como la única cabeza y observando las ordenanzas de Cristo; es una congregación gobernada por sus propios estatutos en forma autónoma, y ejerciendo los dones, derechos y privilegios investidos en ella por la Palabra de Dios.

Creemos que sus oficiales autorizados por la Palabra de Dios son: Los Pastores (Obispos o Ancianos) y Diáconos, cuyos requisitos, derechos y deberes son descrito en las Escrituras; creemos que la verdadera comisión de la Iglesia se halla en LA GRAN COMISIÓN; Primero: Hacer discípulos individuales en todo el mundo; Segundo: Practicar las ordenanzas; Tercero: Edificar a la Iglesia, enseñando e instruyendo a guardar todo lo que Cristo ha mandado.

 

Creemos que la Iglesia tiene personalidad jurídica propia conforme a lo establecido por la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público; tiene derecho absoluto de Gobierno Congregacional por sí misma, libre de toda intervención jerárquica de individuos o de congregaciones, y que es de acuerdo a la Palabra de Dios que las iglesias cooperen las unas con las otras contendiendo por la fe y la propagación del Evangelio; que cada iglesia determina la medida y el método de dicha cooperación, y que en asuntos de membresía, orden, gobierno, disciplina, benevolencia y de sus bienes muebles e inmuebles patrimoniales, la Iglesia local es autónoma y determinante a través de su Gobierno Congregacional.

 

(Efesios 1.22-23; 5.25; Mateo 16.18; Hebreos 12.23; Hechos 2.41-42; 6.5-6; 14.23; 15.22-23; 20.17-28; 1ª a los Corintios 5.11– 6.3; 11.2; 12.4; 12.8-11; 16.1; Efesios 4.11-12; 5.23 y 24; 1ª a Timoteo 3.1-7; 3.8-13; Mateo 28.19-20; Colosenses 1.18; 1ª de Pedro 5.1-4; Judas 3-4; 2ª a los Corintios 8.23-24; Malaquías 3.10; Levítico 27.32).

LA SALVACIÓN

Creemos que la salvación se ofrece gratuitamente con todas sus bendiciones a todo ser humano, por medio del Evangelio, que es la presentación fiel de la muerte y resurrección de Cristo en propiciación a Dios.

Creemos que es el deber inmediato de todos el aceptarla con fe sincera y obediente, y que nada impide la salvación del más vil pecador sino su propia maldad y su rechazamiento voluntario de Cristo, lo cual lo pone en una perdición más grande y agravada.

 

(Colosenses 3.12-13; Romanos 8.32; Mateo 11.28; Isaías 55.1,6 y 7; Apocalipsis 22.17; Hechos 2.39; Juan 3.15-18 y 36; 5.40; 6.37; 1ª a Timoteo 1.15; 2.6; 1ª a los Corintios 8.11; 15.10; Efesios 2.4-5; 5.2; Hebreos 2.9; 1ª de Juan 2.2).

EL HOMBRE

Creemos que el hombre fue creado en santidad, sujeto a la ley de su Hacedor; pero por la transgresión voluntaria cayó de aquel estado santo y feliz; por cuya causa todo el género humano es ahora pecador, por naturaleza y voluntad; y por lo mismo bajo justa condenación, sin defensa ni excusa que le valga.

(Génesis 3.16, 24; Romanos 1.18, 20, 28, 32; 3.10-19; 5.19, 24; Efesios 2.1, 3; Ezequiel 18.19-20; Gálatas 3.22).

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO Y OTROS EVENTOS FUTUROS

Creemos en aquella esperanza bienaventurada, la venida personal y corporal, inminente y premilenaria de nuestro Señor y Salvador Jesucristo para arrebatar su Iglesia antes de la Gran Tribulación.

Creemos que Cristo aparecerá en las nubes, y que los muertos en Cristo resucitarán primero; los creyentes vivos serán transformados, y juntos serán arrebatados para estar con Él para el Tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero.

 

Creemos que entonces habrá gran tribulación en la tierra, con grandes aflicciones para toda la humanidad, y en especial para el pueblo de Israel, y existirá una iglesia grande, mundial y falsa, y que se levantará el anticristo quien establecerá su reino mundial y se hará pasar por Dios.

 

Creemos que después Cristo vendrá con gloria y poder, y con sus santos destruirá a sus enemigos, incluyendo al Anticristo, y arrojará a Satanás al abismo, y entonces con las multitudes convertidas de judíos y gentiles, Cristo establecerá su reino milenario.

 

Creemos que después del milenio acontecerá el juicio del Gran Trono Blanco, en el cual Cristo juzgará a los incrédulos, quienes serán echados en el lago de fuego eterno. Después de ello habrá cielos nuevos y tierra nueva.

 

Creemos que entonces Cristo entregará el reino a su Padre, cuando haya suprimido todo dominio, potestad y potencia. La nueva ciudad de Jerusalén descenderá a la nueva tierra donde Dios pondrá su trono, y vivirá eternamente con sus redimidos.

(Mateo 28.6; Juan 20.27; 1ª a los Corintios 15.4, 25, 42-44, 51-53; Marcos 16.6 y 19; Hechos 1.9-11; Apocalipsis 3.21; 20.1-4 y 6; Hebreos 8.1; 1ª a los Tesalonicenses 4.16-17; Filipenses 3.20-21; Lucas 1.32; 24.2-7, 39, 51; Isaías 1.4-5; Salmo 72.8).

EL DIABLO

Creemos que el diablo era un querubín que gozaba de privilegios celestiales, pero por su orgullo y ambición de ser como el Altísimo, cayó y arrastró con él una gran multitud de ángeles, y que es ahora el maligno; príncipe de la potestad del aire y el impío dios de este mundo.

Creemos que es el gran tentador de la humanidad, el enemigo de Dios, el acusador de los santos, el poder principal tras toda religión falsa y la apostasía presente, el señor del anticristo y el príncipe de todos los poderes de las tinieblas.

 

Creemos que el diablo es poderoso, pero no todopoderoso, ni es omnipresente ni omnisciente. Por lo tanto, el creyente en Cristo que está viviendo en sumisión  obediencia a la Palabra de Dios puede resistirle firme en la fe, y tener victoria sobre sus ataques y tentaciones.

 

También creemos que está vencido en las manos del Hijo de Dios y reservado a un justo y eterno juicio en el infierno, un lugar preparado para él y sus ángeles.

 

(Isaías 14.12-15; Ezequiel 28.14-17; Judas 6; 2ª de Pedro 2.14; Efesios 2.2; Juan 14.30; 1ª a los Tesalonicenses 3.5; Mateo 4.1-3; 13.25 y 39; 25.41; 1ª de Pedro 5.8-9; 1ª de Juan 2.22; 3.8; 4.3; Lucas 22.3-4; 2ª a los Corintios 11.13-15; Marcos 13.21-22; 2ª de Juan 7; Santiago 4.7; 1ª de Juan 4.4; Apocalipsis 12.7-10; 13.13-14; 19.11, 16 y 20; 20.1-3; 2ª a los Tesalonicenses 2.8-11).

LA CREACIÓN

Creemos en el relato de la creación según el libro de Génesis, que Dios creó de la nada todo lo que existe aparte de sí mismo, llamándolo a existir por su propia voluntad y palabra, y que este relato se ha de aceptar literalmente, y no alegórica o figuradamente.

La creación del hombre no fue por evolución o cambio evolutivo de especies, ni por el desarrollo de formas sencillas de vida o formas más complejas a través de períodos interminables de tiempo; que toda la vida animal y vegetal fue hecha directamente, y que la ley establecida por Dios fue que se reprodujeran según su género.

 

(Génesis 1; 2.21-23; Salmo 33.6-9; 148.5; Éxodo 20.11; Nehemías 9.6; Hechos 4.24; Colosenses 1.16-17; Hebreos 11.3; Juan 1.3; Apocalipsis 10.6; Romanos 1.20; Ezequiel 18.19-20; Gálatas 3.22).

LA SEGURIDAD DE SALVACIÓN

Creemos que los verdaderos regenerados, los nacidos del Espíritu, gozan de vida eterna, vida que jamás se puede perder, y que no apostatarán para perecer irremediablemente, sino que permanecerán hasta el fin; que su adhesión perseverante a Cristo es la señal notable que los distingue de los que superficialmente hacen profesión de fe.

Creemos que por el bien de ellos ve la Providencia; y que son guardados por el Poder de Dios para la salvación mediante la fe.

 

(Salmo 121.3; Mateo 6.30; Juan 8.31-32; 10.28-29; Romanos 8.35-39; Colosenses 1.21-23; 1ª de Juan 2.19; Hebreos 1.14; 1ª de Pedro 1.5; Filipenses 1.6.).

LAS OFRENDAS

Creemos que la única manera bíblica de sostener la Obra de Dios es por los diezmos y las ofrendas voluntarias que los creyentes deben dar, según hayan prosperado, con alegría, amor y sacrificio; que éstos deben dar sus diezmos y ofrendas a la Iglesia para el mantenimiento y propagación del Evangelio a todas las naciones.

(2ª a los Corintios 9.6-8; Malaquías 4.10; 1ª a los Corintios 16.2).

EL BAUTISMO

Creemos que el bautismo establecido en la Palabra de Dios es la inmersión en agua de aquellos que tengan fe en Cristo, hecha en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con la autoridad de la Iglesia.

Creemos que dicho bautismo tiene el propósito de proclamar, mediante solemne y bello testimonio público, esta fe en el Salvador crucificado, sepultado y resucitado, y también el efecto de la misma fe, a saber, la muerte al pecado, y la resurrección a nueva vida del creyente.

 

Creemos que el bautismo es el requisito previo para ser miembro de una iglesia y disfrutar los privilegios de sus miembros.

 

(Mateo 3.1-2, 6, 16; 28.19-20; Marcos 1.9; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.12, 36-39; 16.31-33; 18.8; Romanos 6.3-5; Colosenses 2.12; 1ª de Pedro 3.21).

LA CENA DEL SEÑOR

Creemos que la Cena del Señor consiste en dos elementos que son: El pan sin levadura y vino (jugo de uva no fermentado) que representa el cuerpo y la sangre de Cristo, y que debe celebrarse en la reunión de la Iglesia, participando, según el criterio de dicha iglesia los que hayan cumplido los requisitos para ello

Conmemorando (recordando) así la muerte del Señor Jesucristo y proclamando la fe que le tienen, su participación en las bendiciones de su sacrificio, su esperanza de la vida eterna en virtud de la resurrección de Cristo de entre los muertos, y que debe preceder a su observancia el examen cuidadoso de sí mismo, y que se debe continuar celebrando hasta que Él venga.

 

(Hechos 2.41-42; 1ª a los Corintios 11.23-34; Mateo 26.26-29; Marcos 14.22-24; Lucas 22.7-20).

LA OBRA MISIONERA

Creemos que la única esperanza de salvación es Cristo y que la comisión de evangelizar al mundo fue dada a la Iglesia; y que esta comisión incluye: El hacer discípulos, bautizarlos y enseñarle todas las cosas que Jesús y sus discípulos mandaron según las Escrituras.

Creemos que la obra misionera es un esfuerzo colectivo y de compañerismo donde los miembros e iglesias, trabajando juntos, tienen la responsabilidad de orar, testificar en las casas, en los pueblos y hasta lo último de la tierra.

 

(Mateo 28.18-20; Marcos 16.15; Juan 20.21; Hechos 1.8; Romanos 10.13-15).

EL GOBIERNO CIVIL

Creemos que existe el gobierno civil por disposición divina para los intereses y el buen orden de la sociedad humana, y que le debemos obedecer a través de sus leyes, y orar por los magistrados y gobernantes, honrándolos en conciencia. Asimismo creemos que todo ciudadano debe respetar los Símbolos Patrios, Instituciones Nacionales y Gobernantes. Creemos en la separación entre el Estado y la Iglesia.

(Romanos 13.1-10; 2º de Samuel 23.3; Éxodo 18.21-22; Tito 3.1; 1ª de Pedro 2.13-14, 17; Hechos 4.19-20; 23.5; Daniel 3.17-18; Mateo 10.28; 22.21; Filipenses 2.10; Salmo 71.11).

LOS JUSTOS Y LOS IMPIOS

Creemos que hay una gran diferencia esencial y radical entre los justos y los impíos, que en la estimación de Dios no hay otros justos verdaderos aparte de los regenerados; los cuales han sido justificados mediante la fe en Jesucristo y santificados por el Espíritu Santo.

Creemos que a los ojos de Dios, son impíos y malditos todos cuantos siguen impertinentes e incrédulos y que es permanente esta diferencia entre unos y otros al morir y aún después de la muerte.

 

Creemos que los salvos se gozarán en el cielo con grande felicidad y que los incrédulos estarán en sufrimiento consciente y eterno en el infierno de fuego.

 

(Malaquías 3.18; Génesis 18.23; Proverbios 11.31; 14.32; 1ª de Pedro 4.18; Romanos 1.17; 5.19; 6.17-18 y 23; 7.6; Gálatas 3.10; Lucas 9.26; 16.25; Juan 8.21; 12.25; Mateo 7.13-14; 25.34 y 41; Apocalipsis 20.15; 21.8).

LA SEPARACIÓN

Creemos que la Palabra de Dios enseña la separación individual y la eclesiástica; que la individual incluye la separación de todo pecado y práctica mundana que dañe tanto la comunión con el Señor, como el testimonio como hijos de Dios ante el mundo. El creyente debe separarse de las obras de la carne las cuales son manifestaciones del viejo hombre (Efesios 4.22) y procurar andar en el Espíritu, con el fin de no satisfacer los deseos de la carne.

Creemos que la Iglesia debe separarse de toda persona y grupo que no mantenga la sana doctrina y prácticas conformes a la Palabra de Dios; y que debe apartarse de toda apostasía y ecumenismo que se manifiesta en grupos tales como el Concilio Mundial de Iglesias, iglesias apóstatas, y organizaciones ecuménicas. Asimismo, rechazamos la Teología de la Liberación, el Modernismo, el Humanismo y las enseñanzas de la Nueva Era.

 

Creemos que la Iglesia debe separarse del movimiento carismático y el pentecostalismo con sus prácticas dañinas de emocionalismo, lenguas, profecías, milagros, sueños y visiones, siendo que son falsas porque no concuerdan con la Palabra de Dios. Asimismo debe separarse de toda persona o grupo que reclama recibir revelaciones de Dios en esta época, ya que la Biblia es la única revelación infalible   de Dios y ésta es completa y final.

 

(2 a los Corintios 6.14-18; Gálatas 5.16-24; Efesios 4.22-32; Romanos 16.17-18; 1ª a Timoteo 6.3-5; Efesios 5.11; 2ª de Juan 7-11; 1 a los Corintios 5.1-13; Mateo 18.15-17; 2ª a Tesalonicenses 3.6).