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Juan Arturo López Ordaz


Pastor de Betel, actualmente dirige el Ministerio de Formación de Discípulos y es encargado de coordinar el área administrativa de la Iglesia.

 

Juan Arturo López Ordaz

El hermano Juan Arturo nació el 1° de mayo de 1970 en la Ciudad de Querétaro siendo el primogénito del matrimonio López Ordaz. Proveniente de un hogar cristiano, su educación estuvo ligada a la enseñanza bíblica desde muy pequeño, pero fue en 1979, en la clase de primarios, que Juan Arturo aceptó a Cristo en su corazón. Once años después, estando ya al servicio de la iglesia, el Señor lo llamó para servirle de tiempo completo, no en un campamento ni en alguna predicación, su llamado fue silencioso; en su corazón, el hermano reflexionó sobre la carga que sentía por trabajar en la obra del Señor y fue así como Dios lo trajo a su mies. El hermano Juan Arturo ingresó al Instituto Bautista Bíblico Betel en 1993.

Terminando sus estudios de postgrado, el hermano Juan Arturo se dispuso a buscar un trabajo secular que le permitiera obtener ingresos. Finalmente, consiguió una plaza en la ciudad de Monterrey pero el Señor quería que permaneciera en Querétaro y en Betel, pues le ofrecieron ser el coordinador administrativo de la Iglesia. Gozoso, el hermano aceptó el empleo y puso sus dones y habilidades a disposición del Señor y su pueblo. Hoy, Juan Arturo es pastor de Betel, donde dirige el Ministerio de Formación de Discípulos, a la vez que coordina el área administrativa de la Iglesia. También supervisa los equipos de dirección y se ocupa de organizar formalmente los ministerios de música, viudas y el de enlace-misiones.

Siempre organizado y cauto, nuestro hermano ha desempeñado su labor administrativa de forma brillante, pues su mayor carga está en gestionar con excelencia los bienes del Señor para el desarrollo de Su Obra. Otra área donde Dios lo ha llamado a ministrar es en la enseñanza, por lo que el hermano se capacita y concentra sus esfuerzos en instruir a otros en la Palabra de Dios. El hermano ama servir en la Iglesia Betel, pero reconoce que su anhelo más grande es obedecer al Señor y servirle donde Él lo desee colocar, pues, como buen siervo, sabe que servir a Dios es una bendición que no tiene fronteras.